Líderes regionales apuestan por la “bioeconomía” para enfrentar pobreza y cambio climático en la zona rural

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Ante un futuro poco alentador para las economías rurales en América Latina y el Caribe, los ministros de agricultura de la región apuestan por centrar las estrategias del gobierno en el desarrollo rural. 

Según los líderes regionales, el desarrollo rural es fundamental para enfrentar el aumento del hambre, la pobreza y el impacto del cambio climático. Pero sobre todo, sale a relucir la bioeconomía como herramienta para potenciar el desarrollo sostenible de la agricultura.

Esto, es la utilización intensiva de conocimiento sobre los recursos, los procesos, las tecnologías y los principios biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios en todos los sectores de la economía.

La necesidad de implementar con mayor fuerza este modelo se hizo expresa en la Conferencia de Ministros de Agricultura de las Américas 2019. La actividad se realizó en el país la semana anterior.

Manuel Otero, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la bioeconomía permite aprovechar la riqueza biológica de la región para potencia el desarrollo productivo. 

“Tiene la ventaja de promover un desarrollo bajo en carbono y resiliente, plantea el uso alternativo de la biomasa; genera cadenas de valor sofisticadas y plantea el uso de las zonas rurales como biofábricas”, explicó Otero. 

El informe “Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas: una mirada hacia América Latina y el Caribe 2019-2020”, también destaca la bioeconomía como una llave para el desarrollo rural. 

Importancia de la región

Según el documento, América Latina y el Caribe se caracterizan por su amplia biodiversidad y recursos energéticos, por lo que la bioeconomía es una oportunidad viable para la región. 

Por su parte, el representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Julio Berdegué, explicó que la región latinoamericana es clave para la seguridad alimentaria mundial. 

“Produce alimentos para cientos de millones, alberga el 50 % de la biodiversidad global y tiene el 30 % de los suelos arables”, dijo. 

“El agro, los sistemas alimentarios y el medio rural son parte de la solución para dinamizar el desarrollo de la región y representan una enorme oportunidad que no podemos desaprovechar”, explicó Berdegué. 

Asimismo, los expertos señalaron que la implementación de una bioeconomía sostenibles podría generar fuentes de empleos en las regiones rurales. 

“Las contribuciones pueden ser múltiples (…) como la creación de empleo decente en nuevas cadenas de valor de base biológica, especialmente para las mujeres y los jóvenes”, indicó Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. 

En la región ya se aplican herramientas como el uso de biocombustibles, utilización de desechos agrícolas; polímero a base a semillas de aguacate y biotecnología agrícola, entre otras.

El uso de biomasa de desechos, por ejemplo, abre la posibilidad de generar energía localmente; esto podría facilitar el acceso a energía a precios competitivos en los territorios rurales, según el informe. Además, se minimizaría el riesgo de contaminación de aguas y suelo. 

Demanda agrícola

Uno de los llamados de atención de los expertos en agricultura es la necesidad de disminuir la velocidad a la que crece la demanda global de alimento; producto del crecimiento poblacional y patrones de consumo. 

Los cambios de uso de suelo son responsables del 70% de la pérdida estimada de la biodiversidad terrestre en América Latina y el Caribe. 

A pesar de los alarmantes números, las proyecciones no son alentadoras. Según el informe, para satisfacer la creciente demanda, la producción agrícola deberá incrementarse en 50 % en relación con el nivel del 2012. 

Según los organismos responsables del estudio, se debe plantear lo rural como motor del desarrollo económico, social y ambiental en los países de la región. 

“También considerar la agricultura y sus actividades relacionadas como indispensables para desarrollar otras actividades económicas complementarias que promuevan el desarrollo sostenible de los territorios rurales”, planteó el estudio.

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