800 colegiales continúan estudiando gracias a programa de Aulas de Escucha

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Este 29 de noviembre, el Ministerio de Educación Pública (MEP), la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentaron los resultados del programa Aulas de Escucha. Este año, participaron 800 colegiales de 24 centros educativos.

El proyecto busca que los colegiales decidan permanecer en las aulas y enfrenten sus problemas de otras formas.

Naomi es de Los Guido de Desamparados y tiene cinco hermanas. Cuando estaba en segundo grado, entró en una depresión. Sus padres se estaban divorciando y ella quería irse con su papá. Luego, irrumpieron en su casa y les robaron. Su mamá decidió marcharse.

A los 12 años, Naomi y su familia se mudaron a Pocora de Limón.

“Al principio fue duro y feliz ya que no estaba en un ambiente feo, pero ya sin hacer amigos y todo, en sexto más que todo, ya que era muy callada y era muy distinta”, expresó.

Ella es una de las 800 personas que se beneficiaron con el programa “Aulas de Escucha”. Este proyecto se implementó hace dos años y lo impulsa el Departamento de Vida Estudiantil del MEP, con apoyo del Hospital Psiquiátrico de la CCSS y Unicef.

“Lo que busca es precisamente trabajar con estos centros educativos para apoyar a grupos de estudiantes que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad para que logren permanencia y éxito escolar”, explicó Gabriela Valverde, directora de Vida Estudiantil.

Gordon Jonathan Lewis, representante de Unicef en el país, agregó que la meta del programa es detectar a los colegiales que enfrentan problemas de salud mental, que tienen la idea de suicidarse, están deprimidos o son víctimas de bullying.

Valverde expresó que el proyecto fusiona lo emocional, académico y artístico para que los estudiantes puedan “sentirse mejor, superar una serie de situaciones y de problemáticas que tienen y tener más ganas de quedarse y de continuar sus estudios”.

Aulas de Escucha le permite a los colegiales expresarse a través del arte.

Los 800 participantes son de cuatro regiones del país:

  • Área Metropolitana
  • Alajuela (incluye San Carlos y Occidente)
  • Caribe (Limón, Guápiles y Sarapiquí)
  • Pacífico

De ese total, 356 recibieron atención individual para abordar problemas como bullying, problemas familiares, tentativa de suicidio y autolesiones, entre otros. Además, 56 casos se clasificaron como situación de riesgo y se atendieron inmediatamente con base en los protocolos del MEP.

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Óscar se fue de su casa a los 9 años

Oscar Ulate tiene 16 años y asiste al Instituto Julio Acosta García, ubicado en San Ramón. Cuando era niño, tuvo muchos problemas con su mamá, tanto que a los nueve años abandonó su hogar.

“Era muy apartado de la mayoría de mis compañeros y de las personas a mi alrededor. No confiaba mucho en nadie. Era una persona que prefería guardarme las cosas”, comentó.

Cuando entré a sétimo, por “querer ser popular” empezó a consumir drogas y a cometer muchos errores, según él mismo. Luego, dos profesores lo convencieron para que dibujara. Esto fue parte del programa Aulas de Escucha.

“Emocionalmente me ayudó el arte porque nunca lo había intentado, nunca me llamó la atención dibujar hasta que Alejandra me convenció, con el profesor Dani, de dibujar, que lo intentara y yo lo intenté en un cuaderno que ellos me habían dado”, expresó el joven.

Luego, su padre lo persuadió para hacer cuadros.

“Yo siento que Aulas de Escucha sí me ayudó. Estaba muy metido en lo que eran vicios y los dejé gracias a la profesora Alejandra y ahora mi único vicio es dibujar y hacer cuadros”, comentó Ulate.

Factores de éxito del programa

Lewis explicó a El Observador los “ingredientes” del éxito de Aulas de Escucha en el sistema educativo costarricense. Él puntualizó tres.

El primero es que el MEP notó que no podía resolver el problema por sí mismo y acudió a otras instituciones “especializadas en materia de salud emocional, salud psicológica, manejo de situaciones conflictivas como la violencia o el bullying, el uso de drogas, etcétera”.

El segundo se refiere a aplicar la gestión basada en resultados. Más que implementar el proyecto, establecieron indicadores y sistemas de monitoreo y evaluación. Esto les permite medir el impacto que se tienen.

El tercero implica empoderar a los niños y jóvenes, así como posicionarlos en el centro de la intervención. Es darles el protagonismo, que sean los mayores beneficiados del proyecto.

Los logros de Aula de Escucha este 2019 fueron:

  • Generó identidad con el centro educativo.
  • Los estudiantes formularon un plan de vida y proyectos libres de violencia.
  • Disminuyó el consumo de sustancias ilícitas.
  • Fomentó una actitud crítica en los jóvenes ante comportamientos violentos y autodestructivos.
  • Garantizó el derecho a la educación de la población estudiantil en riesgo psicosocial.

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